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martes, 9 de mayo de 2017

VIVEN LAS PALABRAS


Paseaban los fusiles,
las pistolas y las balas
por oscuras carreteras,
por las cunetas calladas.

Paseaban por el monte
bajo las noches de plata
o tras los tímidos faros,
antes de rayar el alba,
de camionetas de muerte
que a la muerte los llevaban.

Y pretenden que olvidemos
los de la derecha rancia,
peros sus muertos no son
los que ocultan en las zanjas;
son los muertos inocentes
que sus ancestros mataban.

Que callen ya los fusiles,
las pistolas y las balas,
que no se oculte la muerte
bajo las noches de plata
ni tras los tímidos faros
de camionetas macabras,
que hablando están desde siempre
en las calles las palabras.

Muchos poetas sufrieron
por decirlas, por gritarlas,
y aquellos verdugos fríos
así quisieron callarlas,
pues pensaron que matándolos
a sus palabras mataban.

Y hoy encarcelan el alma
de libros, son y guitarras;
el estado de derecho
nos censura y amenaza,
y los labios y la lengua
nos cose duro a la cara.

Mas no hay rey ni presidente,
no hay reglamento ni ley
que haga costuras tan fuertes
que no podamos romper.

Ni fascistas instaurados,
ni restaurados borbones.

Ni vanidosos prelados,
ni onerosos ricachones.

Ni corruptos financieros,
ni empresarios opresores.

Ni fiscales justicieros,
jueces prevaricadores,
senadores marrulleros,
diputados traidores...
ni oscuros legisladores
podrán robarnos el alma,
podrán cosernos la voz,
que cuando los versos hablan
hablan con el corazón.

Que en la calle está el poema,
y que en la calle el verso anda,
que no les tenemos miedo,
que las calles no se callan...
que como dijo el poeta:
aún nos queda la palabra.


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