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martes, 21 de diciembre de 2010

CURIOSIDAD


   Desde aquel lugar la vista era inmejorable. Pasaba las tardes enteras sentado allí, observando el increíble ajetreo. Sentía una irresistible curiosidad por saber cómo sería estar en medio de aquel bullicio y aquella tarde sucumbió a la tentación. De un salto salvó los tres metros de altura. Oí su insistente llamada y le busqué. Salí, me asomé y allí estaba, con el pánico reflejado en sus redondos ojitos, maullando sin cesar. Saltar a la calle había sido fácil pero volver a subir…eso era más difícil.

LA MANCHITA DE SANGRE

   Salvo quizás por aquella minúscula y casi imperceptible manchita de sangre, que fatalmente Mery descubrió en uno de los puños de mi camisa, el plan era perfecto. El arisco gato del vecino habría sido declarado culpable y yo disfrutaría ahora del apacible silencio que hoy reina en el salón, antes siempre perturbado por los agudos e insoportables chillidos de la cotorra.