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domingo, 27 de marzo de 2011

AMAR NO ES PECADO (Reformado)

Hace algunos días quedé con un amigo para tomar algo y charlar un rato. Pasábamos de un tema a otro según se nos iban ocurriendo. Fue para mí tan amena la conversación que las horas pasaron inadvertidas. Pero dio tiempo, aunque me pareció escaso, para hablar de un tema que traté en un poemita publicado en este blog y sobre el que él hizo un pequeño comentario. He de decir que me convenció enseguida con su razonamiento sobre el asunto.
En el poema, un ovillejo, acusaba yo al clero de clasificar el amor y hacerlo pecaminoso en ciertos casos. Reconozco que, como razonó mi amigo, fui injusto con esa crítica pues si bien en otra época habría sido acertada en la actualidad está fuera de lugar.
Seguramente habrá entre el clero personas que piensen del modo que critico, pero no es ese el pensamiento de la Iglesia y no puedo extender la opinión de algún sujeto a la totalidad, al grupo. Por ello creo que debo cambiar el poema y no atribuir al clero ese pensamiento.
Pido disculpas a quien haya podido ofender con esa injusta crítica y agradezco a M. Campos, mi amigo, que me haya hecho ver las cosas con más claridad. Y así queda pues el poemita, (porque sé que hay gente, también entre el clero, que aún piensa que amar puede ser pecado) sólo tuve que cambiar dos palabras, dos importantes palabras:


AMAR NO ES PECADO

¿Por qué se fue a confesar?
Por amar.

¿Y lo sabrán los demás?
¡No, jamás!

¿Y qué opina el apocado?
Que es pecado.

Habla el necio, equivocado,
de amores que no comprende,
dice quien de amor entiende
que amar jamás es pecado.

sábado, 26 de marzo de 2011

SENSACIÓNS

Aloumiño da brisa
e vento que zoa,
baixando da serra
sentino na chousa.

Cheiro de xestas
que voa no ar,
arume espallado
na beira, no chan.

E brúan piñeiros,
lonxe, na serra,
e chega ata aquí
ruxido do vento
que vén onde min.

Recordo de olores,
que baixan do monte,
lembranza do tempo
que axiña pasou,
a fonte sequiña
no fin do camiño,
o rego que outrora
auguiña levou.

E quedan lembranzas
e soños de neno,
devezos arcanos
que nunca serán.
Esquecen no vento
antigas quimeras
que lonxe quedaron
e non tornarán.

Deixei as pegadas
do meu camiñar
cheíñas de orballo
e branco luar,
cheíñas do tempo
que camiñamos
marcando carreiros
que voan ó mar.

Aloumiño da brisa
e vento que zoa,
baixando da serra
sentino na chousa.

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viernes, 11 de marzo de 2011