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viernes, 31 de julio de 2009

LOS HAIKUS SE VAN DE COMPRAS


Andando un poco
a través de estas tiendas
te vuelves loco.


Anda, no pares,
no se descansa nada
por estos lares.


Con tantas luces
se despista la gente,
se dan de bruces.


Compras y venden
productos inútiles,
la vista ofenden.


Con ese brillo
no puedo resistirme
a su rodillo.


Y compulsivo
voy comprando, comprando,
preso, cautivo.


Mas es sencillo
parar cuando ya está
seco el bolsillo.


No fui el primero
que por sus lindas luces
gastó dinero.


Mas volveré
a caer en su trampa,
recaeré.


No digo adiós
pues pronto nos veremos
aquí los dos.


Pues no hay cordura
que ver escaparates
no tiene cura.

OCASO

Posted by Picasa

jueves, 30 de julio de 2009

SOBERBIA


No se sientan superiores
estudiantes, licenciados
y señores doctorados

por su gran capacidad,

que otra gente, es bien sabido,

aprendió de la experiencia

sin usar para su ciencia

escuela ni facultad


y prosigan su camino

escuchando los consejos

que de boca de los viejos

al oído les dirán.

Porque se hace sabio el hombre

por la vida que ha vivido

no así por haber leído

gruesos libros con afán.


Pues el día ineludible

llegará

en que la muerte infalible

a instruidos y a profanos

ha de tomar de las manos

y en el polvo igualará.


No desprecien la inocencia

ni la humilde sencillez

porque pueden enseñarles

algo nuevo alguna vez.


No seréis tan diferentes

de otras gentes en su fin

que en la fosa vuestras manos

de gusanos son festín.


Pues somos bien poca cosa

y esta vida

ha de pasar enseguida

y acabado este camino

al letrado y su vecino

cubrirán con una losa.


No desprecien la inocencia

ni la humilde sencillez

porque pueden enseñarles

algo nuevo alguna vez.


ANONIMATO



Nada escrito en esta losa,
nada escrito en mi memoria,
mas yo os contaré la historia
que me condujo a esta fosa.
Y es que la muerte escabrosa
vino a buscarme un mal día
y en su noche me moría
sin haberlo planeado,
sorprendido y asustado,
siendo grave mi agonía.


Si nada en el mundo viejo
tuve que me diera fama,
ni tan siquiera una cama
en la que echar mi pellejo,
el nuevo no es su reflejo
que en este inmundo agujero
no necesito dinero
ni tocino regalado
y yazgo siempre tumbado
de mi estancia prisionero.


Aproveché la ocasión
que me dio la suerte inmensa
y me quedé en la despensa
de aquella enorme mansión,
embriagada la razón
por deliciosos olores,
disfrutando los sabores
de chorizos ahumados,
de perniles bien curados,
y de quesos, los mejores.

Mas no duró mi alegría
que un abnegado criado
me atrapó despreocupado,
pues distraído comía,
y a grandes gritos decía:
¡Que nos roban, al ladrón!
¡Que nos roban, al ladrón!
Y acudió gente al instante
desde el punto más distante
a las voces del soplón.

El pueblo entero obediente,
por halagar al señor,
esperando su favor
al punto se hizo presente.
De todos el más valiente,
viendo el terror en mis ojos,
me obligó a caer de hinojos
suplicando su perdón,
mas no estaba en su intención
el librarme de despojos.

Entre blasfemias feroces
y ensangrentadas miradas
llueven palos y patadas
y juramentos atroces,
y amenazan con sus hoces
mi delicada garganta
y un aldeano levanta,
a la orden del tirano,
una guadaña en su mano
que la vida me quebranta.

Y no hubo al día siguiente
quien conociese mi nombre,
no había en el pueblo un hombre,
aunque fuese mi pariente,
que levantando la frente
recordase lo ocurrido.
Así pues fui conducido
al ingrato desenlace
y yerto mi cuerpo yace
por gusanos consumido.

Y quién mató al molinero
preguntaban ese día
y el tirano respondía:
No fui yo, fue el pueblo entero,
y salvándose él primero
condenaba a los paisanos
encadenando sus manos
con grilletes acerados
y así fueron encerrados
los sumisos aldeanos.


Pues así pueblos enteros
se someten a señores
que del poder sabedores
de su oro y sus dineros
mandan matar molineros
sin rubor y sin recato.
Y así concluye el relato
de cómo hasta aquí llegué,
ya comprenderán por qué
yazgo en el anonimato.

LA NOCHE




Esa noche me miraban
unos ojos con dulzura
y unos labios con ternura
en los míos se posaban,
unas manos me abrazaban
alterándome el sentido
en un juego prohibido
de placeres impregnado,
despertándome a tu lado
con deseo enloquecido.

Con el pecho estremecido
y el aliento entrecortado
me abandono apasionado
entre tus brazos mecido
y de nuevo adormecido
espero a que llegue el día,
que con la mañana fría
se aclara el entendimiento
y se ha de llevar el viento
lo que la noche decía.

DOLOR DE AMOR


Dolor profundo en el alma
es dolor de no tenerte,
dolor de tanto quererte
que ningún remedio calma.
Estaba escrito en mi palma
que vendrías a salvarme
y de este dolor curarme.
No te alejes vida mía,
no te lleves mi alegría,
¡ay!, no vayas a olvidarme.
Sólo tenerte a mi lado
sosiega mi desazón,
eres tú mi salvación
y tú eres mi gran pecado
que si estás lejos de mí,
por acercarte a mi vera,
daría yo lo que fuera
y moriría por ti.


NOCHE DE PLATA



Noche de luna y plata,
con descaro espías mis pensamientos
y el amor que me mata
en tu luz se delata
desnudando tenue mis sentimientos.
En ti, noche estrellada,
cómplice fiel de secretos amantes,
pierdo yo la mirada
con el alma atrapada
en el infinito de tus brillantes.
Y en tu noche, amor mío,
quisiera yo perderme eternamente
como se pierde el río
en ese mar bravío
mezclándose sus aguas lentamente.

BODAS DE PLATA


Veinticinco años unidos
y mil días no contados,
todo el tiempo enamorados,
algunas veces perdidos
y otras tantas reencontrados.
Veinticinco años unidos
y mil días no contados.

TE QUIERO



Tú sabes cuanto te quiero,
que sin ti no viviría,
que por tu amor vida mia
sueño, suspiro, me muero.
¡Tú sabes cuanto te quiero!
Sabes que sin ti no vivo,
que mi corazón cautivo
late con fuerza por verte
y esperando no perderte
estos diez versos te escribo.

EPITÁFIO

Aquí yace mi mujer,
reza el epitáfio eterno,
mas no sé si en el averno
la habrán querido acoger,
pues el sabio Lucifer,
como siempre cauteloso,
en la puerta de este foso
habrá puesto buen candado,
que ya sabe que a su lado
bastante sufrió el esposo.


ADIOS


Querida casa en la que yo nací,
permanecen entre tus gruesos muros
mis mejores recuerdos, los más puros
de la tierna infancia que viví en ti.
En tus viejas paredes escribí
garabatos con pizarrines duros
que al tiempo sobreviven con apuros
pues se van yendo como yo me fui.
Hoy te despides triste y asolada,
presa cierta del tiempo que envejece
a todos igual y, siempre callada,
te ocultas bajo la hiedra que crece
sin cesar y atrapándote, enredada,
su oscuro y frondoso lecho te ofrece.

TUS BESOS



Me estremece el recuerdo todavía
del intenso calor de aquellos besos
que en mi corazón permanecen presos
embriagándome el alma cada día.

Abrasados los labios, vida mia,
por los tuyos jugosos y traviesos
anhelan su cálido roce, obsesos,
buscando tu amor en la noche fría.

Y añoro de tus ojos la mirada
clavándose en la mia con dulzura,
sin movernos y sin decirnos nada,

unidas nuestras manos con ternura,
mi pupila en la tuya reflejada,
lastimado el pecho por tu hermosura.