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sábado, 10 de octubre de 2009

A FONTE

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Esa fonte que hai no outeiro
pretiño da miña casa,
esa fonte está soíña
que ninguén vai visitala.
Nacía nela, fresquiña,
unha auga limpa e ben clara,
unha auguiña que eu bebía
sen sede, só por probala
e senti-la súa vida
correndo pola garganta.
Esa fonte que hai no outeiro
pretiño da miña casa.

As risas dunhas mulleres
que de xeonllos estaban
ó pé dos seus lavadoiros
torcendo roupa mollada
chegan ó meu pensamento,
veñen soas, sen chamalas,
cunhas baldetas ben cheas
que na cabeza levaban,
andando polo carreiro,
ergueita a súa mirada,
foron á fonte primeiro
e volven da fonte á casa.

Esa fonte que hai no outeiro,
que por ela xa non pasan
lavadoiros de madeira
que unhas mulleres levaban
nin mociños calorosos
que nela se refrescaban,
esa fonte que hai no outeiro
xa non ten auguiña clara
e as herbas do monte bravo
déixana toda atoada,
acóchana dos meus ollos,
alónganma da mirada.

Fentos, silvas e carqueixas,
piornos, toxos e xestas
enceréllanse hoxe nela,
aínda que moito medren
non poderei esquecela.


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sábado, 3 de octubre de 2009

EL TÍO FACUNDO (Cuento del abuelo)



“El pueblo se alborotaba
por el suceso terrible
comentando el caso horrible
que entre su gente pasaba”.
El abuelo comenzaba
de esta manera su cuento
y a partir de este momento,
confiando en mi memoria,
voy a escribir yo la historia
sin olvidar un acento.

¿Qué era pues lo que ocurría
que en boca de todo el mundo
andaba el tío Facundo
provocando algarabía?
Era que el hombre decía,
asombrado y muy nervioso,
que fue un monstruo fabuloso
lo que aquella noche vió,
que de sus fauces surgió
un rugido estrepitoso.

El sendero iluminaba
una luna distraída
que entre nubes escondida
sus tropiezos evitaba.
En silencio cabalgaba
entre la negra espesura
cuando atacó su cordura
un espantoso alarido
y escapó despavorido
fustigando su montura.

Un buen trecho recorrió
a todo trapo escapando
mas pronto se fue calmando
y al cabo ya se paró.
Sobre sus pasos volvió
creyéndose en el deber
de tener que socorrer
a quien así se quejaba
pero no se imaginaba
lo que le iba a suceder.

Esa luna caprichosa
tímida ya se ocultaba
tras una nube que andaba
por el cielo revoltosa
cuando la voz temblorosa
de Facundo en el lugar
pugnaba por pronunciar
palabras de caballero,
mas el sonido primero
que allí se vino a escuchar
fue un grito desgarrador
de feroz naturaleza
que penetró en su cabeza
y le llenó de terror.
Al mismo tiempo el hedor
de algún monstruo nauseabundo,
o de un bicho de otro mundo,
vil, castigaba su olfato;
No ha de olvidar ese rato
el pobre tío Facundo.

Esta historia relataba
los ojos desencajando.
Todo su cuerpo temblando
fuerte temor delataba.
Su ronca voz se crispaba
recordando aquel horror
y a sus manos un temblor
incontrolado acudía
y a su nariz se venía,
sofocante, aquel hedor.

Por el tumulto atraído
Paquito allí se acercó
preguntando que pasó.
Cuando supo lo ocurrido
pensativo y sorprendido
quedó parado aquel hombre,
que aunque llevase por nombre
uno que en “ito” se acaba
un cuerpo enorme se alzaba
que le daba gran renombre.

Era grande el buen Paquito
a lo alto y a lo ancho,
no le sobra nunca rancho,
le llamaban “El Flaquito”.
Para saciar su apetito
como gigante comía,
como un ogro bebía
y después de sus almuerzos
haciendo grandes esfuerzos
en el monte se vacía.

Y soltó gran carcajada
viendo a Facundo temblar
recordando aquel lugar
en que la noche pasada
holgando el vientre gritaba,
pues un gran restreñimiento
causaba en aquel momento
un grandísimo dolor
y un grito desgarrador
provocaba aquel tormento.

Recuerde usted lo que lee,
no siempre es lo que parece
ni crédito se merece
lo que primero se ve.


PITEIRA.