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jueves, 30 de julio de 2009

ADIOS


Querida casa en la que yo nací,
permanecen entre tus gruesos muros
mis mejores recuerdos, los más puros
de la tierna infancia que viví en ti.
En tus viejas paredes escribí
garabatos con pizarrines duros
que al tiempo sobreviven con apuros
pues se van yendo como yo me fui.
Hoy te despides triste y asolada,
presa cierta del tiempo que envejece
a todos igual y, siempre callada,
te ocultas bajo la hiedra que crece
sin cesar y atrapándote, enredada,
su oscuro y frondoso lecho te ofrece.

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