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martes, 28 de agosto de 2012

AÚN NO


 Es un sueño que enloquece
en el umbral del otoño,
es el labio que enrojece
en el labio aquel, bisoño,
del muchacho que marchó.
Es la prueba del ayer,
la condena que me hirió.

Certera, siempre certera,
afilada dentadura,
ahora es la hora de espera
y esa negra catadura
ya se acerca sigilosa
sobre su oscuro corcel
mostrando su frente odiosa.

Mas no ha de cruzar tan pronto
los umbrales de esta puerta,
pues el potro que yo monto
no es el de montura muerta
y entre sus cascos aprieta
la vida de sangre viva
que en las sienes se me inquieta.

Espera, negra haraposa,
espera que yo me aburra
de esta vida desastrosa,
que de mis labios se escurra
y resbale incontinente
el aliento primitivo.
¡Pues espera, impertinente!

Eres terca como mula,
tan insistente,  importuna.
Tú, postrada en tu gandula,
dilapidas mi fortuna
y empobreces mi destino.
Mas yo resisto el envite,
sigo andando mi camino.

No insistas, cruel segadora,
no partiré todavía.
La guadaña de tu aurora
no segará en este día,
no corte la savia viva,
no ha de prendarse su filo
de mi garganta cautiva.

¡Aparta de mí tu aliento!
Tu fétida podredumbre
oscura vuela en el viento.
Como quemada en la lumbre,
la piel chamuscada, muerta,
su hedor esparce doquier.
¡Aparta ya de mi puerta!

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