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I
¿Qué los molinos alcanza?
Una lanza.
¿Qué caballo monta al fin?
Un rocín.
Y ¿Qué vence su temor?
¡Su valor!
De Dulcinea el amor
buscaba Alonso Quijano,
adarga antigua en la mano,
lanza, rocín y valor.
II
¿Qué provocaba tristura?
Su figura.
¿Qué se quedó sin enmienda?
Pues su hacienda.
¿Qué le causó desazón?
¡La razón!
Mas no perdió la ilusión
que en aventuras tuviese
aunque por ellas perdiese
figura, hacienda y razón.
III
¿Quién gozaba con el rancho?
¡El buen Sancho!
Y ¿por qué sufría chanza?
Por la panza.
¿Qué nos dejó su reflejo?
¡Ovillejo!
Quedóse el mundo perplejo.
que en su Quijote, Cervantes,
puso además de gigantes,
Sancho, panza y ovillejo.
¿
Qué indagáis en su pasado?
Pecado.
¿Qué rebuscáis en su vida?
Herida.
¿Qué pretendéis obtener?
Poder.
Pues intentáis conocer
del oponente el secreto
es vuestro plan más concreto
pecado, herida y poder.
Porque de mi alma es el dueño,
de mi corazón, martirio,
es de mi vida delirio,
es mi ilusión, es mi sueño.
Y parezco un pedigüeño
rogando su dulce amor.
Sólo le ofrezco una flor,
una caricia diaria,
una flor imaginaria,
su fragancia y su color.
Está la Luna mintiendo
con la inicial que dibuja
pues a creer nos empuja,
cayendo en error tremendo,
que va en el cielo creciendo
cuando nos escribe ce
y cuando pinta la de
nos hace ver que decrece,
siendo entonces cuando crece;
después mengua… y no se ve.
Saíu a Lúa chorando
pois non te viu,
e vaise chorando a Lúa
que non durmiu.
Agochada nesa nube
xa non se quere alongar.
Que non a vexan chorando!
Que non a vexan chorar!
Cando te vexa, querida,
cando te vexa chegar,
vaille saír o sorriso,
vaiche deixar de chorar.
Achégate pronto, neniña,
achégate a este lugar
que quero ver esta noite
cheíña de branco luar.
Durme, durme neniño,
que che hei de traer mazás.
Durme neno, neniño,
durme que xa verás,
verás que pasando o sono
con elas vas a xogar.
Durme, durme neniño,
que che hei de traer mazás.
Muy cansado me sentí
cuando el camino acabé
y a descansar me paré
en un banquito que vi,
mas descansando perdí
la noción del tiempo en él.
Fue en ese banco, Raquel,
donde vi que te perdía.
Yo descansaba ese día,
tú cansabas a Fidel.