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jueves, 30 de julio de 2009

LA NOCHE




Esa noche me miraban
unos ojos con dulzura
y unos labios con ternura
en los míos se posaban,
unas manos me abrazaban
alterándome el sentido
en un juego prohibido
de placeres impregnado,
despertándome a tu lado
con deseo enloquecido.

Con el pecho estremecido
y el aliento entrecortado
me abandono apasionado
entre tus brazos mecido
y de nuevo adormecido
espero a que llegue el día,
que con la mañana fría
se aclara el entendimiento
y se ha de llevar el viento
lo que la noche decía.

DOLOR DE AMOR


Dolor profundo en el alma
es dolor de no tenerte,
dolor de tanto quererte
que ningún remedio calma.
Estaba escrito en mi palma
que vendrías a salvarme
y de este dolor curarme.
No te alejes vida mía,
no te lleves mi alegría,
¡ay!, no vayas a olvidarme.
Sólo tenerte a mi lado
sosiega mi desazón,
eres tú mi salvación
y tú eres mi gran pecado
que si estás lejos de mí,
por acercarte a mi vera,
daría yo lo que fuera
y moriría por ti.


NOCHE DE PLATA



Noche de luna y plata,
con descaro espías mis pensamientos
y el amor que me mata
en tu luz se delata
desnudando tenue mis sentimientos.
En ti, noche estrellada,
cómplice fiel de secretos amantes,
pierdo yo la mirada
con el alma atrapada
en el infinito de tus brillantes.
Y en tu noche, amor mío,
quisiera yo perderme eternamente
como se pierde el río
en ese mar bravío
mezclándose sus aguas lentamente.

BODAS DE PLATA


Veinticinco años unidos
y mil días no contados,
todo el tiempo enamorados,
algunas veces perdidos
y otras tantas reencontrados.
Veinticinco años unidos
y mil días no contados.

TE QUIERO



Tú sabes cuanto te quiero,
que sin ti no viviría,
que por tu amor vida mia
sueño, suspiro, me muero.
¡Tú sabes cuanto te quiero!
Sabes que sin ti no vivo,
que mi corazón cautivo
late con fuerza por verte
y esperando no perderte
estos diez versos te escribo.

EPITÁFIO

Aquí yace mi mujer,
reza el epitáfio eterno,
mas no sé si en el averno
la habrán querido acoger,
pues el sabio Lucifer,
como siempre cauteloso,
en la puerta de este foso
habrá puesto buen candado,
que ya sabe que a su lado
bastante sufrió el esposo.


ADIOS


Querida casa en la que yo nací,
permanecen entre tus gruesos muros
mis mejores recuerdos, los más puros
de la tierna infancia que viví en ti.
En tus viejas paredes escribí
garabatos con pizarrines duros
que al tiempo sobreviven con apuros
pues se van yendo como yo me fui.
Hoy te despides triste y asolada,
presa cierta del tiempo que envejece
a todos igual y, siempre callada,
te ocultas bajo la hiedra que crece
sin cesar y atrapándote, enredada,
su oscuro y frondoso lecho te ofrece.